Decisión unánime

 


Foto de Portuguese Gravity vía Unsplash.

Por Griselda Zavala Márquez 

Hola, Kiara:  
Hoy quería hablarte, pero no me atreví. Las buenas noticias siempre nos la dábamos por llamada y no quería romper esa costumbre. Aunque creo que ya no se dará más. 

Mi cariño chiquito, Kiki querida, desde el principio debí de ser más clara, pero ya lo voy a ser. Es momento de que terminemos. Perdón que te lo escriba justo cuando vas en camino a Jalisco. Perdona por estar cambiando de opinión justo un día después de cuando te dije que lo iba a intentar. 

Kiki, perdóname por no ser valiente. Yo sé que tú puedes con un montón de situaciones como esta: una relación a distancia. Pero yo no me puedo imaginar mi vida ni mis días sin ti. Ya sé, me vas a decir: “no seas exagerada, no me necesitas”. Sí, es cierto, pero yo elijo estar contigo. Pero no puedo irme contigo a Jalisco. Tengo obligaciones aquí en Monterrey, las sabes muy bien y no me obligarás a irme contigo. Te agradezco mucho por no presionarme porque sabes que por ti haría lo que fuera. Movería mis pendientes para llevarlos contigo a Jalisco. Aunque, imagínate, sería complicado. Una relación a distancia se pasa de mis límites, sería como una enfermedad terminal para mí. Me desgastaría día a día, y no solo por los celos, sino por imaginar la falta que me haría tu presencia a mi lado, tu coquetería, tu forma de besarme, de acariciarme.

Además, Kiki, eres hermosa, y ambas somos muy jóvenes. ¿Qué tal si nos enamoramos de alguien más? Sería muy incómodo admitirlo a distancia. En serio, no lo puedo hacer. Y ya sé, antes de ser pareja, somos mejores amigas. Pero a mí me dolería saber que poco a poco te enamoras de alguien más. Sabes que te dejaría ir porque primero está nuestra felicidad. Y ser honestas es algo que siempre nos ha diferenciado de muchas parejas quienes no lo han logrado.

Tal vez soy muy optimista, pero quizá en algún futuro podrem
os volver a estar juntas sin tanto drama, así como hace un año cuando nos quedábamos a dormir en Santiago y hacíamos el amor en la madrugada. O aquellas veces cuando venías a desayunar conmigo y mi mamá.

Por ahora solo recordaré todas las veces que fuimos a misa juntas y nos besamos en los labios para ir en contra del status quo. Me acuerdo cuando admitimos cómo ambas teníamos miedo de hacerlo, pero estábamos de acuerdo en que era una de las formas de abrir camino a más lesbianas católicas. Siempre admiré quién era al estar contigo. Estoy segura de que seguiré siendo sensacional porque me quedo con un pedacito de ti. Espero que el pedacito que te llevas de mí también te dé algo para sentirte orgullosa.
Yo sé que ambas no creemos en los ex que se vuelven amigos, por eso no hay necesidad de que contestes este correo ni que me vuelvas a hablar por ningún medio. Habíamos quedado que cuando hay un no, es unánime. 

Te voy a extrañar mucho, Kiki. Pero sé que seremos mejores al final. Si dentro de un año vuelves a Monterrey, por favor, avísame. No sería para volver, porque a lo mejor cada una tiene a alguien nuevo en su vida, pero sí para darte un abrazo más limpio. Porque si dentro de tres meses volvieras, yo no podría evitar besarte y llorar en tus brazos. 

Siempre te voy a amar,

Sandra.


Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Quiero quererte

El guardagujas