Vuelta

De Markus Spiske en Unsplash.

Por M.E.A. Hierro.

Ese zapato me lastimó mi pie derecho, por ahí por el talón de Aquiles. Se me abrió la herida y, desde el principio, me llamó la atención la forma de ésta. Parecía una boca, no; unos labios hermosos que se veían húmedos, ansiosos, besables, cada vez más bellos. Esos labios parecían crecer cada vez más y abrirse. En efecto, estos labios se abrían y pronto su forma ya estuvo completamente definida. Eran unos labios idénticos a los míos, aunque más pequeños. La lengua de adentro de ella los lamía.

Estaba en un lugar público. Vacío, pero público. La gente podía llegar en cualquier momento… ¡No! Mi necesidad fue más fuerte, mucho más fuerte que el pudor o la extrañeza que pudiera causar esa acción. Quise besar esos labios de mi talón de Aquiles y los besé. Finalmente los besé y sentí cómo comenzaron a devorarme, con sus recién formados dientes, primero mi boca y después el resto de mi cuerpo. Me descarnaron poco a poco esos labios, se comieron todo mi cuerpo y mientras esto sucedía los labios adquirían mi forma; mi nariz, mi boca, mis ojos, cejas, orejas y cabello. Después el resto de mi cabeza, mi cuello, mis brazos enteros, mi torso… mis piernas, hasta llegar al final de mis pies. Entonces volví a ser yo misma, pero ahora estaba desnuda y tenía que encontrar ropa.

Publicado originalmente el 21 de mayo de 2015. Nota de archivo

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