Los ojos de la pantalla rota
Foto de Hanna Postova vía Unsplash. Por Regina Lopez Puerta . Para él fue muy extraño que lo encontraran de esa manera. Desangrándose en el piso de un cuarto ajeno con los gestos irreconocibles y el celular de un hombre muerto en la mano. Tenía la nariz como una trompa de elefante, cuatro costillas rotas, múltiples fracturas en el cráneo y una mancha de semen fresco empapando sus pantalones. A pesar de la deformidad de sus facciones, había algo en su expresión que se podía interpretar como si él hubiera comprendido algo que nadie más sabía. Ese detalle hacía que la escena siniestra tuviera, extrañamente, un aura angelical. Hasta los trece años, su vida había transcurrido sin mayor alteración. Iba tranquilamente a la escuela, comía en su casa, y a las cinco se juntaba con los otros niños del barrio. Su vida no era muy diferente a la de los demás. Obviamente, había tenido problemas como todos. Su madre murió durante el parto así que nunca llegó a conocerla. Se quedó bajo ...